Saber que en Venezuela todavía falta todo por hacer es y será «el motorcito principal» que mueve el rumbo de Ana María Diez. Tiene claro que culminar su ciclo como presidenta de Coalición es solo un cambio de rol, porque quiere seguir vinculada a la Federación que vio nacer desde cualquier espacio en el que que pueda aportar, y aprovechar todo lo que aprendió «ayudando a otras redes y a otras organizaciones a componerse, a organizarse».
Septiembre 2026 (Vía Teams). – «Chévere, hagámoslo», junto al emoji que describe el sentimiento de emoción con los ojos aguarapados y un corazón amarillo que significa amistad sincera, cariño puro y amor. Ese fue el rotundo «sí» que Ana María me escribió por el chat de WhatsApp cuando le propuse abrir su mente y corazón a todas las personas (amigos, aliados y hasta detractores) que forman parte de su etapa como presidenta de Coalición por Venezuela. Una entrevista para conocer cómo piensa, para saber lo que siente: la mujer, la migrante, la humana, más allá del cargo y el liderazgo.
La historia de Ana tiene similitudes con tu historia o con la mía; relata que no estuvo exenta del sinfín de cosas que han vivido los venezolanos en la migración forzada de la última década. Oriunda de El Tigre, estado Anzoátegui, su salida de Venezuela estuvo marcada por la persecución política, tras enfrentar episodios de extrema vulnerabilidad y amenazas directas que la llevaron a tomar la decisión de marchar al exilio para proteger su vida.
Radicada en España, ha entregado los últimos cuatro años de su vida a Coalición por Venezuela. Una federación que ayudó a fundar y convirtió en referente internacional.
Quienes somos de la vieja escuela dejamos de lado al algoritmo y a la inteligencia artificial para aferrarnos a un hilo real, dándole a la persona la oportunidad de contar su versión y de contrastarla con lo que vemos de ella a través de las redes sociales o en la fugacidad de los encuentros de trabajo.
Esta conversación con Ana María se desarrolló a miles de kilómetros de distancia, algo a lo que nos hemos tenido que acostumbrar más de ocho millones de venezolanos que salimos de nuestra patria. Con husos horarios diferentes y con la visión reducida a las pantallas de nuestros teléfonos (yo elegí el fondo difuminado; el de Ana era real, había una estantería con libros y a su derecha una bandera de Venezuela). Así fue.
-. Ana, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes en este momento?
Motivada. La palabra que me define es motivada.
-. Eso me contenta muchísimo escucharlo, justamente porque estás próxima a finalizar tu etapa como presidenta de Coalición por Venezuela.
Tu legado es medible, lo podemos observar, pero aquí te invito a hacer un giro y a mirarlo al revés: ¿Qué deja Coalición por Venezuela en Ana María Diez?
Me deja un doctorado de aprendizaje en diversas líneas. Por un lado, mirando hacia dentro, el tema del manejo de personas; si se quiere, me gradué como gerente. Me gusta pensar que Coalición es muchas cosas en una sola organización. Tiene procesos democráticos, así que se requiere mucho de política.
Se requiere mucho de gerencia, se requiere mucho de estrategia y todo eso, afortunadamente, Coalición me ha permitido hacerlo, hacer una carrera dentro de sus filas. Fui la más joven que estaba en el salón entre los fundadores. Después ascendí a coordinadora país en Venezuela. Luego me asignaron la comisión de legislación, que trabajó en las primeras normas estatutarias de la Federación.

Aprendí muchísimo de personas de larga trayectoria como Paciano Padrón. Después fui electa vicepresidenta y luego presidenta; así que, si se quiere, yo hice carrera dentro de Coalición. Me dejó un profundo aprendizaje aguas adentro, pero hacia afuera también aprendí muchísimo de diplomacia, aprendí de geopolítica, aprendí de derechos humanos compartiendo espacio con personas que han vivido esta experiencia que los venezolanos apenas estamos aprendiendo, que es emigrar.
Yo soy la hija de un español que huyó de la posguerra, de una España destruida por Franco con una crisis social y económica. Mi papá se fue de polizonte en un barco y, para mi fortuna, llegó a La Guaira y encontró allí una comunidad gallega que lo acogió; así hizo una carrera y llegó a ser un hombre con una bonanza económica que Venezuela se la permitió a todos. Y ahora yo estoy haciendo el camino inverso al de mi papá, yendo a su país; entonces, mi experiencia en Coalición me hizo reconciliar mis raíces como hispanovenezolana.

-. Esa imagen de don Antonio Diez es una joya, gracias por compartirla. Ana tú saliste de Venezuela con una caja de herramientas, con una sensibilidad hacia el trabajo social que ya hacías en el país, pero como toda migrante tuviste que aprender e improvisar en otras áreas que no conocías. ¿Es cierto?
Sí, de hecho muy poca gente lo sabe, pero en simultáneo, mientras yo estaba aprendiendo a ser presidenta de esta federación, estaba aprendiendo a ser migrante y trabajaba en un restaurante asturiano lavando platos doce horas al día. Cuando llegaba a mi casa comía algo, me bañaba y empezaba a trabajar en los primeros proyectos de Coalición.
Considero que fue un doble aprendizaje, que sé que todo venezolano ha tenido que sufrir, que pasar, que padecer; esas «verdes» que uno encuentra cuando recién emigra. Así que no estuve exenta de eso.

-. Hablando de «verdes» y revisando tu trayectoria dentro de la Coalición, ubicándonos en distintos tiempos históricos muy volátiles, te tocó llevar las riendas de una Coalición en algún momento relativamente estable, contando con el acompañamiento de agencias internacionales y de otros aliados, hubo conflictos internos, mermaron los apoyos externos. ¿Qué fue lo más difícil para tu gestión en esa diversidad de escenarios? ¿cuáles son esos objetivos clave que sientes que lograste?
Lo más difícil, yo creo que por un lado fue el desfase de financiamiento que sufrimos todas las organizaciones. Coalición no estuvo exenta de ello. Afortunadamente, a raíz de estos aprendizajes que te decía de geopolítica y de diplomacia, pude leer entre líneas con un poco de margen de tiempo lo que se venía. Por eso pude prepararme con otro tipo de donantes, como el gobierno de Canadá, y trabajar un año antes las relaciones con ellos, que eventualmente terminaron salvando económicamente a la Federación.
Pero yo creo que la factura más grande ha sido el ver tantas organizaciones valiosas desaparecer. Muchísimos miembros valiosos de Coalición desaparecieron precisamente por este desfinanciamiento, y eso es algo que siempre, siempre duele. Siempre duele porque uno quiere ayudar y a veces se escapa de nuestras manos, no sabemos cómo.
Y otra de las cosas difíciles que he tenido que pasar es el tema de la confianza. Jamás me imaginé que mi mano derecha iba a hacer precisamente las cosas de las que todos los venezolanos huimos, que es el antivalor y quebrar un valor fundamental en Coalición como es la confianza, la confianza entre nosotros, la confianza para trabajar en equipo. Esos son los dos retos más difíciles que tuve que enfrentar en mi gestión.
Por supuesto, hay cosas no menores, como por ejemplo tratar de construir algo desde cero: la Federación referente de la diáspora venezolana desde cero. Porque cuando tomé posesión del cargo en mi primera gestión de presidenta, Coalición era un documento en línea y un grupo de WhatsApp, y yo justamente estaba recién egresada del IESA, de una maestría en Gerencia Pública.
Entonces yo dije: «Bueno, este es un lienzo en blanco», lo cual es una muy buena oportunidad para yo aplicar todos esos conocimientos de gerencia en el sector social y construir una organización que sea sostenible, que sea referente, que sea de ayuda a la diáspora venezolana, que solamente cuenta con otros venezolanos.
-. Los venezolanos tenemos por costumbre, llegado el fin de año, tomarnos un tiempo de introspección. Recordamos a las personas que estuvieron en nuestro camino, lo que hicieron, qué nos dejaron, y les enviamos un mensaje. Llevando esa analogía al cierre de tu etapa como presidenta de Coalición, ¿cuál es ese mensaje que tú le envías a las personas que dejaron huella en ti?
Gracias. Primero que nada, gracias, porque esto no he sido yo sola, esto fueron cientos de voluntades que se pusieron de acuerdo. Y por otro lado sería: Venezuela siempre vale la pena. Es muy fácil quedarnos atascados en el pasado, en los momentos amargos, en la desconfianza, en lo que salió mal, pero Venezuela siempre va a valer la pena. Tenemos que recordar que ya a Venezuela nos la cambiaron, y así como muchísimos españoles, italianos y portugueses se quedaron en Venezuela aún cuando sus países se arreglaron, incluido mi papá, que él escogió quedarse y decía que España fue el país que lo vio nacer, pero Venezuela era su patria, muchos elegirán quedarse en sus países, y eso también va a ser Venezuela.

-. Cuéntame de alguna conversación que recuerdes como un punto de quiebre, que te hizo cambiar de opinión, reflexionar o generó algún sentimiento que tú creas que merece ser compartido.
El primero que me vino a la mente fue un momento que me marcó mucho. Estaba yo en la selva del Darién, del lado panameño. Fui en una misión exploratoria con un equipo humanitario y recuerdo que estaba en uno de los centros de acopio de las personas cuando recién salen de la selva. Nos empezaron a llamar para pedir ayuda porque había un grupo que estaba llegando y estaba en muy mal estado físico, estaba muy herido; entonces, todos los que estábamos ahí dejamos las conversaciones que teníamos en la carpa de UNICEF con unos niños y salí corriendo.
Me acuerdo de que ayudamos a una señora que traía todas las piernas sangrando, la ayudamos a caminar hasta un sitio donde se pudiera sentar y vinieran los médicos.
Recuerdo que yo estaba tan, tan molesta, porque yo decía: «¿Cuántas campañas hay?
¿Cuánta información? ¿Cómo una persona mayor se va a lanzar?», y la señora tenía visibles dificultades para caminar. Entonces yo le dije a la señora: «¿Cómo una gente se va a lanzar así a cruzar una selva?». Yo estaba muy molesta porque me pareció una irresponsabilidad grandísima, y me puse a hablar con ella y me puse incluso a regañarla.

Y ella me contó que ella solo quería darle la sorpresa de cumpleaños a su hijo. Fue captada por una red de tráfico de personas en Bogotá, donde vivía hacía ocho años, separada de su hijo, que vivía en la ciudad de Panamá. Le vendieron un paquete turístico, un día completo de viaje; la señora fue captada, la montaron en un autobús, la llevaron hasta la selva, la soltaron y empezaron a dar tiros al aire con lo cual todo el mundo tenía que correr. La señora atravesó la selva gracias a la solidaridad de todos los que iban cruzando. Esta vivencia me sensibilizó muchísimo, primero porque una cosa es lo que uno piensa y otra cosa es lo que motiva a la gente a dar esos pasos. Yo la abracé, le pedí disculpas, pero bueno, era el cumpleaños de su hijo a quien tenía ocho años que no podía ver, y ella había ahorrado y quería darle la sorpresa de pasar un full day en Panamá.
La historia de la señora me hizo pensar en muchísimas cosas, lloré muchísimo ese día, pero es lo que sucede con la diáspora venezolana: son millones de historias de gente engañada, gente que tiene esperanza, gente que añora. Una cosa es lo que puedo pensar yo como representante de una organización y con un bagaje humanitario, y otra cosa es lo que piensa una persona que no maneja el lenguaje y que sencillamente quería ver a su ser querido. Esa experiencia me marcó.
-. La historia de la señora del Darién es común: se repite dolorosamente millones de veces. En tu caso, eres presidenta de Coalición por Venezuela, pero también eres migrante, eres venezolana… ¿Cómo gestionar esa dualidad cuando estás buscando soluciones para los dolores y las heridas de muchos, pero muchas de esas heridas y de esos dolores son propios? ¿Hay un manual que enseñe a un ser humano a ser arte y parte en un proceso tan complejo como el de la migración forzada de los venezolanos?
No creo que exista un manual para eso. El gran valor que tenemos las organizaciones lideradas por personas migrantes y refugiadas es que nosotros vivimos en primera persona la migración. Puede ser más fácil aprenderse un manual Sphere, unos estándares humanitarios, que aprender a ser un migrante; para eso no hay un doctorado que te enseñe a ser migrante, que te enseñe a atravesar el dolor, el duelo de dejar tu país y tu familia y tus sabores, tus colores.
Nosotros tenemos esa valía de traer una caja de herramientas adicional y esa sensibilidad siempre aporta en todo lo que hacemos. Yo creo que no existe tal cosa como una dualidad, sino que es quién soy como unidad, como un solo ser. En mi mente no se compartimenta Ana María la humanitaria, Ana María la presidenta y Ana María la migrante; soy todas ellas en la manera en que pienso, en la manera en que formulo, en la manera en que dialogo. Yo creo que ese es el valor agregado que tenemos desde la Federación y desde sus miembros.
-. Ana, ubícate en el día cero de tu gestión y visualiza tu recorrido hasta el momento en el que le desearás éxito a la persona que asumirá tu lugar dentro de la Coalición. ¿Qué cambió? ¿Qué faltó? ¿Qué superó tus expectativas?
Vaya, esa es una pregunta tremenda, es para un podcast. Falta muchísimo. A ver, yo soy muy ambiciosa, sueño grande, y parte de eso es Coalición. A Coalición le he entregado mi vida estos cuatro años; no lo he visto como un trabajo, es como parte de mi día a día. ¿Qué falta? Falta muchísimo, falta todo por hacer. Pero sabes que yo creo que es un muy bonito momento que coincide entre Venezuela y el cierre de mi gestión, porque la razón de ser de Coalición es ayudar a la diáspora.

Recuerdo en las sesiones en que estábamos redactando el estatuto y todo, que Paciano y yo siempre nos aseguramos de que en cada párrafo estuviera muy explícito que la Coalición iba a servir para reconstruir Venezuela. Y qué bonito que yo esté entregando una federación que ayudó a la diáspora a trabajar juntas, a entendernos, a aprender en conjunto, y que ahora esa misma federación ayude a reconstruir Venezuela.
Me parece algo hasta poético, porque es un muy buen momento para que mi sucesor o sucesora tome las riendas de esta federación que tiene todo por hacer; Coalición tiene todo por hacerlo todavía, sí, eso es lo bueno.
-. Con ese mensaje me das la oportunidad de preguntarte: ¿Qué significa para ti «Nuestra casa común», el lema que inspira a la octava Asamblea General?
Nuestra casa común siempre va a ser Venezuela, sea que decidamos no volver, sea que nos quedemos con nuestras familias binacionales, sea que digamos «bueno, todo lo que aprendí lo voy a poner en mi ciudad natal para reconstruir Venezuela», sea que todavía no tengamos ese plan terminado, que tengamos incertidumbre. Cualquiera que sea, Venezuela es nuestra casa común.
Pero también Coalición es nuestra casa común, porque hemos acumulado muchísimo. Tú puedes ver en cualquier espacio internacional hoy en día a cualquier miembro de Coalición y destacan; son personas que manejan herramientas, son personas que han sabido desenvolverse en gran parte gracias a la inversión que ha hecho Coalición en sus miembros, muchísimos programas de fortalecimiento, muchísimos programas básicos de diplomacia, cosas de este tipo de comunicaciones estratégicas.
Todo eso ha servido y Coalición seguirá siendo nuestra casa común para pensar en la Venezuela posible, para entendernos como sociedad, para saber que a través de un mensaje de WhatsApp o a través de un reencuentro anual en la Asamblea podemos reconectar con esa gente que ha sido parte de nuestra vida en los últimos seis o siete años. Esa también es nuestra casa común: Coalición por Venezuela.
-. ¿Cuál es tu horizonte?
Bueno, pasaría a ser una voluntaria más de Coalición, como al inicio lo fui, súper feliz de esto. Seguiré siendo miembro de Coalición, por supuesto, apoyando a la gestión venidera. Pero creo que, como lo decía al inicio, todavía falta todo por hacer en Venezuela, y ese ha sido mi motorcito principal. Dentro o fuera de Coalición, yo creo que la meta sigue siendo la misma: la meta sigue siendo Venezuela. Por supuesto, con respecto a hace cuatro años, ahorita estoy más metida en espacios académicos, trabajo con centros de pensamiento, sigo asesorando. Una cosa más bonita es que trabajo también ayudando a otras redes y a otras organizaciones a componerse, a organizarse como nosotros lo hicimos en colaboración; así que ese es un aprendizaje que ahora queda para el mundo.
-. Para finalizar siéntete en confianza, permítete cerrar los ojos, hacer silencio, respira, suspira y fija en tu mente Venezuela. Cuando tú lo quieras, déjame saber lo que vino a tus pensamientos.
Playa Guacuco, en el lugar donde siempre he sido. Creo que volver a nuestro mar es lo que me reconecta.

Citando a la misma Ana María, falta mucho por hacer; ella seguirá, y nosotros desde las organizaciones a las que pertenecemos, o en el escenario que sea, tenemos una gran labor por delante: procurar que los buenos valores de la venezolaneidad sean nuestra insignia.
Mientras imaginamos estar en ese lugar fascinante de Venezuela al que nos invitó Ana, esa playa Guacuco que tanto la reconecta, habitemos con entusiasmo, responsabilidad y compromiso Nuestra casa común.
Entrevista y redacción: Helicet Chiquinquirá Benavides Martínez